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Octubre 21, 2006

Crítica de "El ocaso de los superhéroes" en Babelia

Francisco Casavella en su crítica publicada en el suplemento Babelia de El Pais de hoy ensalza el relato que da título al libro y califica a la autora de gran escritora.

Y LOS NIÑOS PASAN PÁGINA
Francisco Casavella

Digámoslo alto y claro. Este libro merece leerse por el relato que le da título. Y ese logro, El ocaso de los superhéroes, una sustancia narrativa prodigiosamente inscrita entre el cuento y la novela-río, debe leerse más de una vez. Por puro placer, desde luego; y también por esa extraña complejidad que en cada nueva lectura provoca una satisfacción intelectual más honda. ¿Hablo de una escritura difícil? No, hablo de una forma compleja de ordenar el tiempo y las voces cuyo contenido, una vez asimilado -y aún me parece inagotable-, no se concibe expresado de mejor modo. La hasta ahora inédita en España, la muy distinguida señora Eisenberg, urde en torno al 11-S una constelación narrativa que integra la metafísica, la crítica histórica, la crónica sociológica y, lo que quizá la confunda con muchos de sus congéneres, colegas y compatriotas, todo a la vez, la exhaustiva descripción de los mil matices de la neurosis.

Concluido el libro, que completan otros cinco relatos muy desiguales, se percibe que, con sus cualidades, esta autora llega a ser extraordinaria si tiene un asunto central y algo tan difícil de definir y concretar a lo que podríamos llamar empuje. Cuando ese asunto y ese empuje son, o parecen, más débiles, Deborah Eisenberg sólo es una autora algo mejor que la melée formada por la Gran Conspiración de la Neurosis Americana Contada en Breve (y que siempre se hace larga, larga). Pero hablemos de sus cualidades, de las resplandecientes caras que forman su sólido talento. El primero y el último, el definitivo, el que los abarca a todos, el indiscutible, es la sabiduría. Ese atributo en realidad lo dice todo. La sabiduría contiene la precisión para captar los distintos matices de la angustia, de la decepción y de los finos hilos de la esperanza en personas (y hasta perros, y no bromeo) de toda edad y condición. La sabiduría es poseer un magnífico sentido del humor, siempre bajo la atenta vigilancia de una lucidez nada presuntuosa, pero capaz de asomar formidable en una situación, en una frase, en un giro de diálogo o en un párrafo, como la carcajada que parece o el respiro que en realidad es. Ser sabio es poseer el don de la ironía, si ese sustantivo no se hallara hoy completamente gastado por la boca de un millón de lechuguinos. Pero ser sabio es ser irónico y, a veces, darse un sordo puñetazo de rabia en el muslo. Ser sabio no es que consigamos sentir compasión, piedad o simpatía por los personajes, sino que durante la lectura nos convirtamos en los personajes y su circunstancia sea la nuestra, que vivamos la historia y, concretamente en El ocaso de los superhéroes, la historia en mayúscula y minúscula.

Todo eso, cuando además se sabe escribir, y se tiene un asunto y el debido empuje, convierte a un buen escritor en un gran escritor y a un gran escritor en un genio. Creo -y alego como prueba la lectura de los otros cuentos- que, de los dos casos, el primero es el que atañe a Deborah Eisenberg. Pero las cuarenta páginas de El ocaso de los superhéroes bien valen una vida frente al papel.

Entrevista a Deborah Eisenberg - "Para mí un cuento es una pieza musical"

El periodista Eduardo Lago entrevistó a Deborah Eisenberg en Nueva York el pasado 11 de septiembre. La entrevista ha sido publicada hoy en el suplemento Babelia de El Pais

Lo que más llama la atención de Deborah Eisenberg es la vivacidad de su mirada, con la que atrapa vorazmente todos los detalles que hay a su alrededor. La entrevista tiene lugar en una estancia muy espaciosa, de grandes ventanales, que recuerdan los lofts de algunos de sus relatos. En el momento de conectar la grabadora, su mirada recae en un calendario, y es imposible soslayar la fecha: 11 de septiembre. La misma alrededor de la cual gira el relato inicial de su última colección, El crepúsculo de los superhéroes. Comenta la circunstancia apenas un instante. No quiere hablar de eso. Prefiere hablar de Berlín, ciudad a la que viajará al día siguiente. Hablar con ella es una experiencia muy similar a la que proporciona su lectura. Te arrastra inmediatamente al centro de las cosas.

PREGUNTA. ¿Qué característica destacaría de su perfil como escritora?

RESPUESTA. Aunque resulte chocante, que no me interesa la narrativa per se, en el sentido de que la escritura tiene otras muchas dimensiones. Carezco de talento para contar anécdotas. Para muchos escritores, todo remite al concepto de narrativa. Para mí se trata de otra cosa, de un posicionamiento singular de la inteligencia con respecto a las palabras.

P. ¿Históricamente, quiénes son para usted los grandes maestros del relato breve?

R. El más grande, seguramente, es Chéjov. También siento fascinación por Heinrich von Kleist. Sus cuentos son un prodigio de belleza y misterio. Una de las mejores cuentistas de todos los tiempos para mí es Mavis Gallant.

P. Algunos críticos consideran que hoy día son las autoras quienes están llevando a nuevos territorios el relato breve, género que siempre ha gozado de gran vitalidad en la tradición literaria norteamericana. En particular se habla de usted, de Lorrie Moore y de la canadiense Alice Munro.

R. A las dos las leo con sumo placer (el placer es la única motivación válida para leer) aunque no sé si tengo puntos de contacto con ellas por el hecho de que seamos mujeres que escribimos. Lo que sí creo es que el relato logra cosas que no consigue la novela. Hay algo maravilloso en el cuento, una forma hiperconcentrada de destreza y elegancia, una capacidad para el matiz y la penetración únicas. Y no es imposible que hoy día ésa sea una forma expresiva que encaja más con una visión femenina.

P. ¿Qué es El crepúsculo de los superhéroes?

R. Un conjunto de historias muy distintas entre sí. Me divierte explorar las posibilidades de la forma breve, cambiar de tono, variar el tempo. Y es que para mí un cuento es una pieza musical. Cuando escribo pienso en términos musicales: hay relatos que son allegros, o adagios, o largos... También me gusta cambiar de clave. Hay escritores que se ciñen a un solo registro, que van perfeccionando, pero sin jamás abandonarlo. A mí me resulta imposible escribir dos relatos seguidos en la misma clave.

P. ¿Por qué empezó a escribir más bien tarde?

R. Supongo que hice todo lo que estaba a mi alcance por evitar escribir, pero al final no me resultó posible. Había quien me animaba a hacerlo, pero me repelía la idea de darle al mundo un escritor mediocre más. La literatura sí que ha sido siempre muy importante para mí, pero como lectora. Las experiencias más intensas de mi infancia me las proporcionó la lectura. Si le digo la verdad, de adulta mi mayor ambición era no hacer nada. Despreciaba la idea del éxito, tener una larga lista de credenciales que mostrar al mundo, todo eso me asqueaba. No tenía ningún interés por triunfar, tener un trabajo muy importante... para mí el ideal de vida era no hacer absolutamente nada. Pero las cosas me fueron empujando hacia la escritura, de forma más bien gradual. Había una insatisfacción esencial en mí que traté de aplacar de diversos modos, y ninguno funcionaba. Por fin, mi compañero, que es actor y dramaturgo, me animó a escribir. Por mediación del legendario Joe Papp, escribí una obra de teatro. Me resultó muy difícil, y de hecho cuando terminé al mismo Joe no le gustó nada. De todos modos, la obra se estrenó, y entonces me di cuenta de que no había vuelta atrás. Me había metido en un terreno del que no podía salir.

P. ¿Puede hablar de sus experiencias como lectora?

R. Hasta los dieciséis o diecisiete años lo único que hice fue leer. De niña no hacía otra cosa. Vivía en un barrio muy tranquilo y me aburría mortalmente. No era feliz. Le caía mal a los demás niños. La lectura fue mi salvación. Mi madre me elegía los libros, pero también yo efectuaba incursiones por mi cuenta en la biblioteca familiar. Un día ocurrió algo mágico que me dejó marcada para siempre. Descubrí un libro precioso, de tapas muy altas. La tipografía era maravillosa, de estilo art decó. Era un libro de cuentos de Katherine Mansfield. Convencida de que era un libro para niños, yo leía aquellos relatos fascinada, y aunque no comprendía las historias, me sentía cautivada por la belleza de la prosa. Las palabras tenían vida propia. Saturaban mi imaginación, el brillo y la musicalidad de las frases me deslumbraban. Fue una experiencia estética fundamental. La lectura me electrizaba, sin llegar a comprender qué me ocurría.

P. ¿Diría que el género cuentístico padece con particular virulencia la mercantilización de la literatura que se vive hoy día?

R. Mejor no hablar de eso. La situación que vive hoy la literatura es terrible, y no hace más que empeorar. Desde que las grandes corporaciones se han adueñado de los sellos editoriales, el cambio a peor ha ido en picado. Los editores están a merced de los accionistas, que sólo quieren oír hablar de beneficios. Se trata de vender, que el producto sea un libro es lo de menos. Lo tratan exactamente igual que si fueran unas gafas de sol, o un cinturón, o un cosmético. Antes había un margen de riesgo. Había editores que decían: "Este libro va a tener pocos lectores, pero es literatura de verdad, así que lo voy a publicar". Hoy no queda casi nadie que piense así y las consecuencias son incalculables. La calidad de lo que se publica es cada vez peor. Conscientes de esto, los propios escritores se pliegan a las exigencias del mercado. Es la única manera de sobrevivir. La situación es desesperada. Hay veces que cuando tengo entre las manos un libro de Dostoievski o de Joyce, lo acaricio y me digo que hoy día sería muy difícil que nadie se decidiera a publicarlos.

Octubre 15, 2006

Todo lo que vuela se estrella

Hace ya más de 6 meses, Rodrigo Fresán anunciaba en el Radar de Libros de la publicación digital Página/12 Web la publicación de una nueva serie de cuentos de Deborah Eisenberg, apuntando a que la autora es una auténtica desconocida en castellano. Esperemos que la reciente publicación de El ocaso de los superhéroes en castellano permita a los leqtores que no dominan el inglés disfrutar de sus cuentos.

Octubre 07, 2006

Nanga en Babelia

Crítica de Nanga por Jon Kortazar en el suplemento Babelia de El País de este Sábado

Willy Uribe (Bilbao, 1965) se dedica al periodismo deportivo, especializado en surf. Asiste al taller literario de Ramiro Pinilla y publica ahora su novela Nanga, situándola en perdidos paraísos del surf en Indonesia, situándose en una estética propicia al exotismo que enfatiza el título del libro.

Estos dos elementos, la referencia al deporte de las olas y la localización en un lugar lejano, delimitan los puntos de interés de esta novela. Un álter ego del autor encuentra en un perdido café australiano el manuscrito de un viajero vasco, Lope Urrutia, quien abandonó su casa natal en busca de la tranquilidad (“paz y olas”) de una vida perdida en la lejana Indonesia. El narrador traduce el manuscrito al inglés a petición de una antigua amante de Lope Urrutia, y se ofrece al lector la transcripción (o quizás el original) del manuscrito. Lope Urrutia —apellido que puede traducirse como “lo lejano”— recuerda a Lope de Aguirre y así se menciona en el texto. Pero su obsesión es otra: alejarse para encontrarse en la soledad. Pero su destino se verá truncado por la aparición de Isidro Zarra, periodista y asesino que lo busca sin pausa. Urrutia emprende una huida sin final. La novela Nanga —que significa “tigre”, pero también “temor”— se centra en la configuración de un personaje, enigmático, oscuro y plural, que recuerda a la compleja personalidad de Lope de Aguirre. Al principio, el texto ambiciona ofrecer el retrato de Lope de Urrutia, para deslizarse más tarde por un argumento con ritmo, pero previsible, con secuencias que recuerdan a algunas ya vistas en el cine.

El prólogo avisa de la pericia estilística de Willy Uribe, con la creación de frases brillantes, pero una novela resulta ser una estructura compleja en la que el estilo es sólo uno de sus pilares. El final, un resumen omnisciente difícilmente atribuible al primer narrador, subraya la personalidad errante de Urrutia.

Octubre 05, 2006

Reseña de El ocaso de los superhéroes en Qué Leer

Antonio Lozano escribe en una reseña de El ocaso de los superhéroes en Qué Leer ".. Eisenberg se decanta por una prosa que parece brotar directamente desde el intelecto, sin pasar por el filtro cálido del corazón, una narrativa donde los sentimientos están envasados al vacío esperando que un pinchazo los libere.."

Mensajes codificados desde el futuro

Un superhéroe abúlico asoma por el primero de estos personalísimos relatos. Esta figura irónica funciona como espejo del conjunto de criaturas que arrastran por ellos sus angustias, miedos y heridas, como si de una enorme bola de acero se tratara. Se sienten llamados a cumplir con grandes misiones, llámeselas felicidad, satisfacción, calma u orden; pero la familia, la política internacional, o su humanidad insignificante los mantienen congelados a ras de suelo, preguntándose quiénes son y cómo han llegado hasta allí. La realidad no es palpable ni reconocible a simple vista para los protagonistas de esos cuentos que provocan agujeros en el estómago y calambres en el ánimo. Para ellos, la realidad es huidiza, poliforme, cifrada, de allí que naden en la confusión, suspendidos perennemente de un interrogante. "El cielo estaba cargado de constelaciones. Galaxias enteras fluían hacia el porche donde se sentaba en compañía de Nonie y Munsen las noches que libraba, observando los mensajes codificados de su futuro, a años luz de distancia" (Ventana). En sintonía con esta sensación de extrañeza que empapa a todas sus criaturas, Eisenberg se decanta por una prosa que parece brotar directamente desde el intelecto, sin pasar por el filtro cálido del corazón, una narrativa donde los sentimientos están envasados al vacío esperando que un pinchazo los libere, asfixiados bajo capas y más capas de pensamientos sin salida, de interiorización culpable, de diálogos de sordos consigo mismos. Clarks Kents a los que la tintorería les ha arruinado el traje.

Antonio Lozano

Octubre 04, 2006

Nanga y los surferos

Siendo el autor Willy Uribe un gran aficionado al surf e incluyendo este deporte cómo una de sus áreas de interés como fotógrafo, no es de extrañar que la comunidad surfera del país se esté haciendo eco de la publicación de Nanga.

Añadimos a continuación algunas de las reseñas que nos han hecho llegar:

- Federación de Surf y Bodyboard del Principado de Asturias
- Surf Kultura. DIario de un surfista
- BuenasOlas.com
- Catalunya Windsurf

Octubre 02, 2006

Arcadi Oliveres y el Decrecimiento

La periodista Mònica Terribas de TV3 entrevista en su programa La Nit al Dia a Arcadi Oliveres, profesor de economía y presidente de Justicia i Pau, quien comenta que en su nuevo libro Otro mundo apunta que el desafío europeo no es crecer sino decrecer para que el mundo entero pueda desarrollarse más equilibradamente, en línea con la argumentación del Objetivo Decrecimiento del Colectivo Silence recientemente publicado por leqtor