Crítica de NANGA por J.A. Masoliver Ródenas
En el suplemento Cultura de La Vanguardia, J.A. Masoliver Ródenas titula Un puñado de dólares su crítica de la novela NANGA de Willy Uribe, con prólogo de Ramiro Pinilla.
Historia de persecuciones y huidas, nos remite a la del conquistador y rebelde Lope de Aguirre
De su crítica completa nos quedamos con el final,
Una novela que, como todas las buenas novelas de aventuras, es expresión de la atormentada condición humana, de sus miserias y su grandeza.
En el prólogo de Nanga,la primera novela de Willy Uribe (Bilbao, 1965), Ramiro Pinilla hace dos distinciones importantes, la primera entre "los autores omniscientes que se erigen como dioses", donde todo parece estar regido desde fuera y los personajes no conocen su destino, y los relatos donde los personajes ignoran igualmente su destino "con la diferencia que su desvalimiento es aún más absoluto porque el narrador es uno de ellos,y esto concede al relato una muy especial intensidad humana y una auténtica expectación". La segunda distinción está entre decir y contar. "Contar es asumir con valentía el reto del lenguaje que desnude nuestro modo de ser, de estar en el mundo". Añade asimismo, como virtud, la economía de palabras. Para apoyar estas precisiones, Pinilla acude a Dashiell Hammett y Raymond Chandler, a Joseph Conrad y Ernest Hemingway, es decir, a una tradición anglosajona frente a la tradición española en la que la escritura (llamémoslo abiertamente el estilo) prima sobre el relato.
La identificación de Uribe con Conrad es evidente hasta en lo más anecdótico. Conrad empezó a publicar a los 38 años y Uribe a los 39. Conrad fue marinero y el mar es el escenario de sus novelas y cuentos. Uribe, que se licenció como técnico especialista en Imagen y Sonido, es surfista, editor, fotógrafo y redactor de la revista de surf Marejada Sur,y es el surf el que arrastra al narrador, Lope Urrutia, a las playas indonesias. Mejor dicho, a uno de los narradores, puesto que son dos: el propio Lope Urrutia y, a través deun diario, su perseguidor, Isidro Zarra, también bilbaíno, para quien Lope "no era tan sólo un posible éxito de audiencia y la salvación de su carrera definitiva, sino una oportunidad para ganar un buen dinero extra". Algo a lo que ambicionan muchos personajes de la novela, atraídos por los 3.000 dólares de rescate que ofrece la familia a quien le dé información sobre él. Como en el caso de Conrad, uno de los temas centrales será el de la vulnerabilidad y la corruptibilidad humanas. Ysi en Conrad hay un narrador, Marlow, que, como el coro de la tragedia griega, comenta la acción, aquí el narrador anónimo es a quien un viaje a Australia le lleva a descubrir la historia de Lope Urrutia.
Una historia que, inevitablemente, nos remite al conquistador y rebelde español Lope de Aguirre, a quien a mediados del siglo XVI el virrey del Perú encargó la conquista del mítico Dorado, personaje que ha atraído, entre otros, a Gonzalo Torrente Ballester (Lope de Aguirre)y a Ramón J. Sender (La aventura equinoccial de Lope de Aguirre),con la peculiaridad aquí de que el personaje vesánico, cruel y loco no es Lope sino su perseguidor Zarra. El papel del narrador se limita a traducir los folios que le entregó la encargada de un bar de carretera con la que, como antes Lope, "hicimos el amor con una intensidad que yo no conocía. Tal vez lo único que deseábamos era alejar de nosotros la soledad de Lope Urrutia". A partir de ese momento, el narrador se convierte en un lector más para introducirnos a una historia febril y fantasmagórica que poco a poco vamos reconstruyendo a través de lo que relatan los dos protagonistas. Al final del libro, una voz neutra ofrece la versión oficial de los hechos, que no coinciden necesariamente con lo que conoce el lector. Se crean así distintas versiones de una misma historia.
Lo que marca a los personajes es la persecución y la huida. Lope Urrutia procede de una rica familia bilbaína, pero su pasión por el surf le ha llevado a Indonesia. El rescate que piden por él es tentador, y se desarrolla así una historia de fidelidades y de infidelidades, de traiciones y de asesinatos, de amor y de amistad. Lope Urrutia, en sus huidas, cambia constantemente de identidad para llegar al límite de una tensión que nos ha arrastrado durante toda la novela. Una novela que, como todas las buenas novelas de aventuras, es expresión de la atormentada condición humana, de sus miserias y su grandeza.